¿Cómo saber si una clase está enfocada al desarrollo de contenidos o al desarrollo de competencias?

Puede resultar difícil para un docente con varios años de experiencia el poder encontrar la diferencia y saber en qué lado se encuentra. Algunas preguntas básicas nos ayudarán a descubrir la diferencia.

1. ¿Cuál es el punto de partida de tu clase o actividad?

Si al comenzar a planificar lo primero que viene a tu mente es cómo motivar a tus alumnos, cómo enseñar el tema o cómo explicar mejor lo que tú sabes; entonces tú mente ya está programada para desarrollar contenidos. No importará si haces tu clase dinámica, si los alumnos participan respondiendo preguntas o construyendo una evidencia. A final de cuentas el centro de tu clase es la información. Los alumnos pueden buscarla en la ficha o en el libro, recibirla de tu explicación o trabajarla en una tarea grupal, pero toda la clase está enfocada solo en la información.

Por el contrario, si al comenzar a planificar tu actividad lo primero que haces es pensar en aquello que están viviendo tus estudiantes, descubrir sus intereses y necesidades; y a partir de ello decides cómo movilizar sus habilidades y conocimientos para que ellos mismos puedan resolver esa situación de manera consciente. Entonces estás en la otra orilla, entonces estás desarrollando sus competencias.

2. ¿Qué hacen los estudiantes durante la clase?

El tipo de actividades, la complejidad de su participación y la autonomía en la ejecución pueden hacer la diferencia.

Si tus alumnos resuelven una ficha o página del libro, responden preguntas literales, participan respondiendo con un si o con un no a las preguntas del docente, o sus respuestas se limitan a un par de palabras; todavía no han llegado al enfoque por contenidos. Así como lo lees,, con ese tipo de actividades durante la clase todavía nos encontramos a un nivel superficial que ni siquiera llega al desarrollo de contenidos.

En el siguiente nivel, los alumnos leen y comprenden información. La transforman en un organizador visual, preparan un papelógrafo y salen a exponer. Trabajan en equipo para responder preguntas complejas y demostrar que han comprendido. Hacen apuntes en el cuaderno y se preparan para la evaluación posterior. Pero todo sobre la base de haber conocido y comprendido algo. La información está descontextualizada, no responde a un problema, no se logra integrar a la realidad, no genera un conflicto con su identidad ni le permite tomar decisiones o actuar sobre la realidad. En este caso se ha desarrollado bastante bien un enfoque por contenidos. Es muy útil pero aún insuficiente para responder a las demandas de nuestro tiempo.

En el enfoque por competencias, los alumnos también leen y comprenden información, pero la información que utilizan es para entender mejor el problema, para poder analizar la realidad con más precisión y poder buscar una alternativa. Inclusive son los mismos estudiantes quienes deciden qué leer y qué investigar a partir de la autonomía que tienen para tomar ciertas decisiones durante su proceso de aprendizaje. Los estudiantes también trabajan en equipo pero tienen roles dentro de ese equipo, su actividad no se limita a la comprensión sino que busca la manera de llegar a la aplicación. Los estudiantes también exponen, pero su exposición no se queda en explicar un dato, sino una postura personal, un argumento propio, una conclusión personal. Dependiendo de la competencia que están poniendo en juego, son los mismos estudiantes quienes escriben, dialogan, experimentan, proponen reinterpretaciones históricas, generan soluciones tecnológicas, etc.

Además todas las actividades que realizan no se limitan al espacio físico del aula. La actividad comienza en la realidad y termina en ella, en el fondo la actividad transforma la realidad.

En este nivel, los estudiantes HACEN. Sus habilidades y talentos están puestos a prueba. No sólo su cerebro o su corazón, sino todo su ser es puesto a prueba. Las actividades que realizan permiten que se pongan en juego las capacidades de la competencia en su entorno natural y como parte del enfoque que tiene esa área.

Al igual que en un viaje, una vez concluida la actividad el estudiante ya no es el mismo. Algo de su identidad se ha puesto en conflicto, algo de esa experiencia le ha permitido ir más allá del aprendizaje, no solo conoce y comprende sino que ahora es un poco más competente que antes.
En el camino, el docente ha planteado preguntas complejas, aquellas que requieren una comprensión profunda de la realidad a partir de entender algo de información. Ha generado escenarios y situaciones que permiten la introspección, la mirada a su vida misma y de los otros, ha suscitado el debate, la comparación, la resolución de un problema real, el juicio crítico de la realidad. La tecnología ha ocupado el papel de catalizador para las exigencias que ha planteado el docente.

Y obviamente todo ello requiere de más tiempo que los 90 minutos de la clase. Todo ello requiere de una planificación compleja. Una sesión modelo no ha sido suficiente, la guía didáctica del libro de texto se ha quedado en el pasado, el uso instrumental de la tecnología no le ha permitido llegar a este nivel. El profesor ha tenido que diseñar cuidadosamente una experiencia de aprendizaje.

Y finalmente…

3. ¿Qué quiero evaluar en mis estudiantes?

De todo lo anterior fácilmente podemos descubrir que cuando buscamos evaluar un producto, una evidencia y ésta se limita a que el estudiante presente algo para demostrar que comprendió , entonces estamos cerca del enfoque por contenidos.

Una ficha de trabajo, la resolución de unas páginas del libro o de unos ejercicios de la plataforma, la escritura de un texto preestablecido o las actividades de comprensión de un texto por medio de preguntas de alternativas múltiples se quedan en un nivel de manejo de contenidos.

La elaboración de un tríptico, una exposición o una maqueta, por sí mismos tampoco son evidencias de un trabajo por competencias; pueden tener cierta complejidad pero todavía les falta el ingrediente fundamental; la transformación de la realidad; están en el camino pero todavía les falta llegar a la meta.

Si el estudiante expone cómo la lectura de un texto complejo -que él ha elegido- le ha permitido resolver un conflicto personal y ha logrado configurar mejor su identidad, entonces estamos frente a una evidencia de que ha puesto en juego la competencia Lee diversos textos en su lengua materna.

Si el estudiante ha participado de la organización de las olimpiadas, ha propuesto reglas y procedimientos, ha difundido la finalidad de cada de las actividades, y se ha organizado en equipos para resolver los conflictos que puedan surgir durante la semana de olimpiadas, entonces estamos frente la evidencia de que ha puesto en juego la competencia Convive y participa democráticamente

Si el estudiante ha analizado el problema de la adicción a los videojuegos entre sus compañeros, ha investigado sus causas y situaciones de riesgo y ha propuesto una campaña de sensibilización en los grados menores; estamos frente a una evidencia de que ha puesto en juego la competencia Construye su identidad.

Proponer actividades que permitan el desarrollo de competencias es quizá el reto más complejo que tiene frente a si un docente de nuestro tiempo. Ni el libro, ni la capacitación, ni el uso indiscriminado de la tecnología por si misma es suficiente. El punto de partida es siempre un docente bien preparado, un docente que ha recibido acompañamiento en su clase, un docente reflexivo que ha ido juzgando su propio desempeño y conforme a su espíritu crítico ha continuado modelando su quehacer.